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Jugar con los niños, ¿un tema de género?

 por María Caridad Araujo

jugar es un tema de género

Es una reunión familiar de domingo en casa de los Rodríguez. En el comedor, los hombres se han quedado haciendo una sobremesa y hablan de fútbol y política mientras se preparan para un juego de naipes. En la cocina, las mujeres terminan de secar los platos del almuerzo y a su alrededor, corretean los niños pequeños jugando y armando un alboroto. La conversación de ellas se ve interrumpida con frecuencia porque los niños acuden a sus madres cuando uno de ellos se cae y necesita un abrazo, cuando un par no logra ponerse de acuerdo sobre quién usa primero un juguete, o también cuando se han acalorado y quieren tomar un vaso de agua. ¿Te resulta familiar esta escena? Probablemente.

Repartición desigual de tareas

En América Latina y el Caribe, al igual que en otras regiones del mundo, las tareas de cuidado y crianza de los hijos recaen principalmente sobre las mujeres. Datos generados por el Banco Interamericano de Desarrollo para once países de la región nos dicen que entre el 20% de los menores de 5 años en países como Brasil, Ecuador, Perú y Uruguay y el 40 o 50% en Jamaica y Colombia respectivamente crecen en hogares monoparentales, principalmente en hogares encabezados por mujeres.

Pero incluso dentro de aquellos hogares biparentales, las mujeres tienen a su cargo una mayor proporción de las responsabilidades de cuidado, atención, e interacción con los niños de 0-5 años. Hace no mucho, la CEPAL sistematizó datos para 17 países de América Latina y el Caribe sobre la proporción del tiempo dedicado a quehaceres domésticos y cuidados no remunerados. Estos datos muestran que la distribución de estas labores entre hombres y mujeres es inequitativa. En todos los países, la proporción del tiempo reportado por las mujeres es el doble o más que el que reportan los hombres, y en países como Brasil, Ecuador y Honduras llega a ser hasta cuatro veces mayor.

¿Qué más sabemos sobre la región?

Junto con mis colegas del BID, sistematizamos información de encuestas de hogares en nueve países de América Latina y el Caribe, en las cuales se pregunta a las familias con hijos menores de 5 años sobre la frecuencia con la cual los niños jugaron con su padre o su madre en los tres días previos a la entrevista. Estas incluyen actividades que pueden ser parte de la vida cotidiana, como leer libros, contar historias, cantar, salir a pasear, jugar y nombrar o enumerar objetos. Observamos algunas tendencias para todos los países.

Primero, y consistente con la evidencia descrita antes, la interacción directa con los niños de 0-5 años recae desproporcionadamente sobre las mamás. Para todas las actividades analizadas, las madres realizan el doble o más actividades con sus hijos en comparación a los padres.

Segundo, la frecuencia de la interacción con los niños aumenta con el nivel educativo de la madre y del padre. Esto quiere decir que las madres y padres con más años de escolaridad realizan más actividades de juego con sus hijos que las madres y padres con menos educación. Los datos que tenemos no nos permiten determinar si esto se debe a que, por su educación, estos padres y madres conocen más sobre la importancia del juego para el desarrollo de sus hijos o si es simplemente un efecto ingreso: al ser más educados tienen mayores ingresos y pueden consumir también más tiempo de ocio y jugar con sus hijos.

La tercera tendencia y la que más me sorprendió es que, aunque el nivel absoluto de la frecuencia de actividades de juego aumenta con la educación, no cambia la distribución de tareas entre géneros. En otras palabras, también en hogares donde el padre y la madre tienen mayores niveles educativos, es la mujer quien se encarga principalmente de las interacciones de juego con los niños y las realiza con mayor frecuencia.

Estrategias para igualar la balanza en el cuidado

La ciencia del desarrollo infantil habla contundentemente sobre cómo, a través del juego y la interacción con los adultos que rodean al niño durante sus primeros años, se configura la arquitectura del cerebro en el momento de su mayor crecimiento y desarrollo. Si los padres se involucran menos de lo que podrían en las interacciones con sus hijos, ¿qué potencial de desarrollo y aprendizaje estamos desperdiciando como sociedad?

Desde el punto de vista de la política pública, lo que sabemos sobre la situación actual levanta algunas preguntas importantes. ¿Cómo promover una participación más activa de los varones en la crianza de los hijos? La educación no parece ser condición suficiente. ¿Pueden modificarse las normas sociales y culturales que están detrás de estas tendencias?

Cuéntanos tus ideas para igualar la balanza en las tareas de cuidado infantil en los comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Fuente: Blog Primeros Pasos, Banco Interamericano de Desarrollo

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¿Cómo se adptan los niños al cambio?

 

Copyright © 2018. Banco Interamericano de Desarrollo. Si deseas republicar el artículo, por favor solicita autorización a sph-communication@iadb.org

Por Alina Gómez Flórez.

¿Cuáles son los mecanismos de adaptación que hacen que unos niños vivan la experiencia de ingresar al centro infantil o la escuela con curiosidad y alegría, mientras que otros lo hacen con angustia, temor y hasta rechazo? Quienes hemos acompañado este tipo de cambios como el tránsito del hogar al centro de cuidado durante la primera infancia y de éste a la escuela, nos hemos preguntado cómo el nuevo ambiente y las personas a quienes están expuestos afecta a estos pequeños.

Apoyados por la ciencia podemos afirmar que el mecanismo regulador de la adaptación del niño a nuevas condiciones del entorno se consolida sobre la base de las experiencias previas y los vínculos afectivos establecidos, y no viene predeterminado desde el nacimiento. Es la corteza cerebral la que cumple el papel principal de reunir y coordinar las reacciones. La transición a las nuevas condiciones de vida implica cambios, por ejemplo, en los hábitos de dormir y de la alimentación y, dado el componente emocional y psicológico de este proceso, en general puede dar paso a nuevas reacciones que afectan su estado de salud.

Las particularidades de la vida y la educación de un niño, los factores de riesgo y sobreprotección que vienen de la familia, la no satisfacción de la necesidad de independencia, el incumplimiento de horarios y el nivel de juego, son otros factores que inciden en el proceso de adaptación.

Acogida y adaptación en la primera infancia

El proceso de acogida y adaptación es fundamental para la transición exitosa del niño de un nivel educativo a otro. Las acciones y condiciones de acogida implican recibimiento, abrigo, cuidado y aceptación desde el reconocimiento de sus características, potencialidades y necesidades particulares.

La acogida va más allá de una simple bienvenida. Se extiende a todos los días que el niño necesite para lograr adaptarse. Implica hacerlo sentir importante y acompañado en su experiencia de desarrollo y aprendizaje, a partir de acciones intencionadas por parte de todos los agentes educativos como los maestros, familiares, directivos, personal de apoyo, entre otros.

Desde la experiencia del Modelo de Transiciones Exitosas de la Fundación Bancolombia, se define la Acogida-Adaptación como un proceso clave de las transiciones en primera infancia, basada en estos principios educativos:

– Individualidad: Cada niño tiene un ritmo propio a la hora de crear, sentir, comprender, ver al otro, realizar una actividad. Su voz, el vínculo que establece con los demás, sus fortalezas y dificultades lo hacen único a la hora de solucionar, enfrentar y buscar las respuestas y, por ende, aprender. Requiere flexibilidad en el enfoque del proceso y eliminación de esquemas rígidos de los adultos frente al comportamiento de los niños.

– Separación paulatina del núcleo familiar: En la medida que aumenta el tiempo de permanencia del niño en el centro infantil, se reduce el tiempo que la madre – el padre emplea en participar con su hijo en el proceso de adaptación. Algunas de las medidas que se pueden tomar para que el momento de separación sea más tranquilo incluyen hablarles con anticipación de lo que va a suceder y llevarlos a realizar un reconocimiento del nuevo lugar y de las personas con las que compartirán su tiempo. Además de hacer partícipe al niño de estos cambios, estas actividades unen a la familia para que la transición se caracterice por mayor seguridad y confianza.

– Incorporación gradual de procesos y actividades: Los diferentes momentos y actividades que el niño realiza en la institución se van incorporando gradualmente. La satisfacción de necesidades básicas del niño, como la alimentación, el control de esfínteres, los juegos y todas las actividades orientadas por los agentes educativos, implican para el niño una nueva acción compleja.

El juego es muy propicio para formar interrelaciones que posibilitan un buen proceso de adaptación a las nuevas condiciones de vida y al contacto con otros niños y adultos. El juego de coparticipación, por ejemplo, es un indicador de la adaptación real del niño al ambiente educativo, ya que implica pasar de la dependencia hacia el adulto, a la relación de iguales con los compañeros.

– Principio de flexibilidad en la incorporación de nuevos hábitos y de respeto por los existentes: Todas las condiciones habituales del niño han de permanecer idénticas al máximo, para introducir poco a poco las nuevas variables y evitar aumentar el nivel de ansiedad.

Considerar estos principios permitirá que la estancia del niño en un nuevo centro educativo sea más tranquila, interesante y feliz. Además, tener en cuenta la experiencia de vida que trae consigo el niño y su contexto familiar y cultural, serán los puntos de partida para el éxito en este momento de cambios para el niño y su familia.

¿Cómo se enfrentan los procesos de cambio en tu casa o centro educativo? Cuéntanos en la sección de comentarios o menciona a @BIDgente en Twitter.

Alina Gómez Flórez es directora de proyectos de AlinaConsultorias y psicóloga.

 

Muy tarde, Fernando Savater

Fernando Savater

El 31 de diciembre de 2016 Fernando Savater publicó en El País la siguiente columna:

Ahora me abruma tanto desperdicio. Una vida que renunció demasiado pronto al verdadero camino de la sabiduría, que no supo evolucionar en el buen sentido, incapaz de ascender desde la chiquillada a la seriedad adulta. Un cierto talento, limitado aunque prometedor, derrochado en leer tebeos (con la entrega que otros reservan para Kierkegaard), novelas policiacas estudiadas con fervor como grimorios, y tantas películas del Oeste (con el corazón en la mano: no hay nada más hermoso), o ambientadas en las profundidades de la selva y los abismos del mar (donde acecha Kraken, el pulpo monstruoso, y la sombra aciaga del insaciable tiburón), mañanas ensangrentadas por los dinosaurios, medianoches sin luna de vampiros… La trampa de la infancia, de la que cuando no se sale a tiempo —¡oh, vergüenza!— ya no se sale nunca. Y lo demás se fue en el altar de las carreras de caballos o en otros compromisos poco edificantes, como beber los vientos (¡hasta los vientos!), guiñar el ojo sin éxito pero con fruición, y dormir largas, bochornosas siestas. Interminables, hasta hoy. No echo de menos el concepto claro ni la erudición incansable, sino la inexperiencia que perdió la ocasión de madurar.

Buena persona, dicen los amigos más complacientes, que también los hay. Pero no me llamo a engaño: nadie puede ser de veras bueno habiéndose divertido tanto como yo. Y muchas o muchos se alejaron cuando les dijimos que lo nuestro no era valor sino simple curiosidad, ¿verdad, Leonard? Como confesó aquel futbolista mítico que murió arruinado, gasté todo mi tiempo en lo innecesario y el resto lo perdí tontamente. Pero hoy, cuando el año acaba, me agobia este desperdicio: la voz de la tristeza es la de la hormiga amonestando a la incorregible cigarra. Inútilmente. Qué pronto se ha hecho tarde.

ÍTACA (C. P. Cavafis)

Tormenta de ideas

Al emprender el viaje para Ítaca

desea que el camino sea largo,

lleno de peripecias, lleno de saberes.

A Lestrigones y Cíclopes no los temas,

que a tales no hallarás en tu camino

si es tu pensar excelso, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones y Cíclopes,

a Poseidón violento no habrás de encontrarte

si no es que ya los llevas en tu alma,

si tu alma no los alza frente a ti.

 

Desea que el camino sea largo.

Que sean muchas las mañanas de verano

en las que con qué regocijo, con qué gozo,

llegues a puertos vistos por primera vez.

Detente en los comercios de Fenicia

y compra sus preciadas mercancías,

corales y nácar, ámbar y ébano,

y aromas exquisitos de mil clases,

cuantos aromas exquisitos puedas conseguir.

Visita muchas ciudades de Egipto,

y aprende y aprende de todos los…

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¿Qué son las habilidades blandas y cómo medirlas?

por Marta Rubio-Codina | Suzanne Duryea |

Cada vez se escucha hablar más y más de las habilidades transversales, socioemocionales, o fundacionales—de cómo la creatividad, la empatía o la capacidad de trabajar en equipo, por ejemplo, son aspectos importantes a considerar en candidatos a un empleo, más allá de su formación y experiencia. Tanto es así que formuladores de políticas e incluso premios Nobel en economía reclaman cada vez más inversiones en estas habilidades y existe un número creciente de programas—centrados en torno a la música o al deporte, por ejemplo—cuyo fin último no es tanto producir músicos virtuosos o atletas de élite sino promoverlas.

Y parece que funciona. La evaluación del programa de música “El Sistema” en Venezuela encontró un aumento en los niveles de autocontrol y una reducción en las dificultades de comportamiento para los niños que participaron en las orquestras. Asimismo, la evidencia indica que el desarrollo socioemocional, y habilidades como la atención y la perseverancia, entre muchas otras, contribuyen a un mejor desempeño a lo largo de la vida. Incluso habilidades blandas en los cuidadores de niñas y niños, tradicionalmente no consideradas relevantes para su desarrollo, sí lo son.

¿Se miden estas habilidades?

Una gran cantidad de habilidades están catalogadas como transversales. Estas incluyen, entre otras:

  • las habilidades socioemocionales, como la interacción con los demás y manejo de emociones
  • los rasgos de personalidad, como la intraversión o la autoestima
  • los patrones de comportamiento, esto es, problemas conductuales o actitudes disruptivas
  • las habilidades de autoregulación, como el autocontrol o la capacidad de concentración.

Asimismo, existen uno o más instrumentos para medir muchas de estas habilidades: por ejemplo, el test del Marshmallow mide el control de impulsos en niños de 3 a 5 años, dejándolos solos en una habitación frente a ‘marshmallows’, galletas, caramelos y otras delicias; el test de la Torre de Londres mide habilidades de planeación en mayores de 7 años a través del uso de cuentas y clavijas de colores para resolver retos; y la Escala de Empatía Básica o el Índice de Reactividad Interpersonal son pruebas de reporte o autoreporte para medir la empatía en niños, adolescentes y adultos.

Además, economistas y científicos sociales interesados en las ciencias del comportamiento están desarrollando nuevos e innovadores instrumentos para medir conceptos como el altruismo, la confianza o la perseverancia, ¡con lo que el número de opciones es creciente!

El reto de medir las habilidades transversales

Ante esta gran cantidad de habilidades transversales y de herramientas para medirlas, el reto de identificar el instrumento para una población determinada es complejo, especialmente cuando el interés es obtener medidas que permitan la evaluación de programas y/o comparaciones dentro de y entre poblaciones. Instrumentos distintos se enfocan a rangos etarios distintos, si bien la mayoría de los instrumentos existentes han sido desarrollados en poblaciones WEIRD (blancas, educadas, industrializadas, ricas y democráticas, por sus siglas en inglés) y, en consecuencia, con validez y capacidad de medición cuestionable cuando son aplicadas en poblaciones distintas, con valores, percepciones y necesidades marcadamente distintas.

Por ejemplo, un reciente estudio muestra que las personas que sonríen son percibidas como más competentes, amigables y felices en las sociedades WEIRD, pero como menos inteligentes en otros países. La estrategia de medición—esto es, si se pide al sujeto realizar una tarea, versus participar en una entrevista o completar un cuestionario—también puede afectar el valor de la medición por lo que en ocasiones las personas no necesariamente “decimos” lo que “hacemos” y ¡mucho menos cuando se nos pregunta por temas personales! Esto se conoce como sesgo de deseabilidad social.

Algunas ideas para identificar qué y cómo medir

Al seleccionar un instrumento para medir habilidades transversales es importante considerar:

  • Qué habilidad se quiere medir y por qué (diagnóstico individual, poblacional, impacto de un programa o intervención, etc.). En el caso que se esté evaluando una intervención, entender los mecanismos que podrían transformar resultados también es crítico.
  • La edad y el contexto sociodemográfico y cultural de la población de estudio (nivel de alfabetización, familiaridad con la tecnología en caso de aplicarse vía tableta, valores, etc.)
  • Qué requiere la adaptación de la prueba al contexto, en qué medida se han realizado estas adaptaciones y si garantizan su confiabilidad (resultados consistentes) y validez (mide lo que debe medir).
  • La sencillez en la interpretación de los resultados.

Dado el rol fundamental de la medición para visibilizar problemas y necesidades y monitorear el impacto que pueden tener los programas e intervenciones para resolverlas, es importante destinar tiempo y recursos a entender cómo medir las habilidades transversales y cómo hacerlo a escala y de forma comparable entre grupos poblacionales. Es una apuesta para un conjunto de elementos que cada vez serán más relevantes en el ámbito social.

Descarga el reporte “El futuro ya está aquí. Habilidades transversales en América Latina y el Caribe en el siglo 21” para conocer más sobre estas habilidades y cómo medirlas.

¿Por qué crees que es importante medir las habilidades transversales? ¿Conoces iniciativas para medirlas en tu país? Déjanos tu comentario o menciona a @BIDgente.

Publicado en https://blogs.iadb.org/desarrollo-infantil/es/habilidades-blandas/

Zona de promesas

olvido

Gustavo Cerati, el autor de Zona de promesas, murió el 4.11.2014*, sin haberse recuperado del coma. Con más frecuencia después de su muerte, la gente visita mi blog para saber de qué trata esta canción. Las preguntas que se repiten son: ¿cuál es la zona de promesas? y ¿cuál es la recompensa? Por fin, me he decidido a actualizar esta entrada y recoger todo lo que sé e intuyo sobre la letra, que no es mucho, porque el autor falleció casi sin haber desvelado el misterio del significado, lo que la hace aún más sugerente.

El grupo argentino de rock Soda Stereo publicó el album con el mismo nombre en 1993. De alto lirismo, esta composición tan enigmática habla de esperanza, de meterse de lleno en la vida y probar de hacer cosas grandes… Y si se fracasa, siempre están los brazos maternales para recogernos. Tarda en llegar, sí:…

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Ahora, El Paso

Las ventanas de Cecilia Durán Mena

Una vez más, sucedió. La ciudad fronteriza de El Paso, Texas tuvo uno de los días más amargos de su historia. La cotidianidad se interrumpió en el momento en que un hombre empezó a tirar balazos a la gente que hacía el súper el sábado por la mañana.

Pasó que sin razón aparente, un joven decidió acribillar a parroquianos mientras hacían la compra. Veinte personas muertas y hay otras veinte heridas, por lo menos. Fue en una sucursal de Wal-Mart una tienda que vende armas y que ha defendido el derecho que tienen de hacerlo.

No está claro de dónde sacó el tirador el arma que usó por la mañana. Pero, Sam Walton siempre de declaró a favor de la venta de armas con fines deportivos. Él mismo era un cazador y el actual director general de la compañía, Doug McMillon insiste en atender las necesidades de gente que busca…

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Amanecer cerca del mar

Las ventanas de Cecilia Durán Mena

Ver un amanecer cerca del mar nos lleva a entender porque Afrodita decidió que le rindieran culto cerca de la playa y no en las acrópolis. Para la diosa del amor que era la protectora de los marinos, estar cerca de sus protegidos era importante. No obstante, creo que la diosa llevaba otra agenda. El placer de ver como la oscuridad se vence ante la luz.

La magia de la primera claridad del día se potencia cerca del mar. Hay un diálogo entre las aguas que se contienen en el cielo y las que fueron separadas para la tierra. Las olas parecen mas tranquilas y la calma de las nubes que se aborregan se platican las esperanzas del nuevo día.

Si el cielo en lo alto se ve azul y rosa, el mar se convierte en el espejo que repite esa misma imagen y Afrodita levanta la batuta para dirigir…

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“Invertir en la educación infantil es la mejor estrategia contra el crimen”: James Heckman, nobel de Economía

  • 31 mayo 2019

James Heckman ya había ganado el Premio Nobel de Economía cuando empezó a dedicarse al tema por el que pasaría a ser realmente conocido.

Se trata de la primera infancia —de 0 a 5 años de edad—, la relación de esta con la desigualdad social y el potencial que hay en esta fase de la vida para lograr cambios capaces de sacar a la gente de la pobreza.

Heckman llegó a la conclusión de que invertir en la primera infancia es una estrategia eficaz para el crecimiento económico. Él calcula que el retorno financiero de cada dólar gastado es de los más altos.

Esto se debe a que, en la etapa entre el nacimiento y los 5 años de edad, el cerebro se desarrolla rápidamente y es más maleable.

Esta etapa provee maneras más fáciles de incentivar habilidades cognitivas y de personalidad —atención, motivación, autocontrol y sociabilidad— necesarias para el éxito en la escuela, la salud, la profesión y la vida en general.

A principios de 2000, Heckman comenzó a analizar datos del Proyecto Preescolar Perry, un experimento social que cambió la vida de sus participantes.

En 1962, en la pequeña ciudad de Ypslanti (Michigan, Estados Unidos), 123 alumnos de la misma escuela fueron divididos aleatoriamente en dos grupos. Uno de ellos, de 58 niños, recibió una educación preescolar de alta calidad y el otro, de 65, no. Este último era el grupo de control.

El objetivo era probar si el acceso a una buena educación infantil mejoraría la capacidad de los niños desfavorecidos para obtener éxito en la escuela y en la vida.

“El consenso cuando empecé a analizar los datos era que el programa no había sido exitoso porque el coeficiente intelectual (CI) de los participantes era igual al de los no participantes”, recuerda años después el economista, en conversación con BBC News Brasil.

James J. Heckman

Entonces, Heckman y sus colegas decidieron analizar los resultados del experimento usando otro ángulo.

“Decidimos concentrarnos no en el CI, sino en las habilidades sociales y emocionales que los participantes demostraron en las etapas siguientes de sus vidas. Entonces vimos que el programa era, en realidad, mucho más exitoso de lo que la gente pensaba.

“Constatamos que los participantes tenían más probabilidades de estar empleados y muchas menos probabilidades de haber cometido crímenes“, relata.

El análisis de Heckman sobre los resultados del programa Perry llegó a la conclusión de que hubo un retorno sobre la inversión del 7 al 10% al año, teniendo en cuenta el aumento de la escolaridad y el desempeño profesional, así como la reducción de los costos en áreas como el refuerzo escolar, la salud y los gastos del sistema penal.

Este es un extracto de la entrevista de BBC News Brasil con James Heckman.

 

¿Cómo era el currículum de Perry y por qué fue tan exitoso?

Cuando empecé a estudiar el proyecto también pensaba que se trataba de un currículo, pero no lo era. Tampoco lo son ninguno de los otros programas de educación infantil de calidad.

No se trata exactamente de aulas, sino que son como una familia extendida. Son grupos pequeños de niños que reciben mucha atención, orientación, muchos estímulos.

En el caso de Perry, llevaban a niños de familias muy pobres a una guardería. Allí se convertían como en sus padres, pues se quedaban mucho tiempo con el niño y le daban una tutoría.

Niño jugando.
Cuando el niño está expuesto a más estímulos durante la primera infancia, esto suele traducirse en mejor rendimiento académico y autocontrol emocional.

Los llevaban al zoológico, al parque, jugaban con ellos. Esto le daba a los niños la oportunidad de interactuar con sus pares. Por eso funcionó. El programa también incluía visitas semanales a los padres, quienes quedaron muy entusiasmados porque los niños volvían a casa contentos.

Entonces ellos acababan estimulándolos aún más.

Las lecciones de este programa también son transferibles a programas de visita (a las casas de los padres, en las que un educador enseña a los padres cómo estimular a sus hijos pequeños), aunque parezcan ser diferentes.

Una de las lecciones de estos programas es cuán importante es la vida doméstica en la formación.

Un programa que se está implementando en Jamaica, por ejemplo, consiste en pasar una hora a la semana con la madre enseñándole cómo puede interactuar con los niños (desafiarla, involucrarla).

El precio no es tan alto y el retorno es enorme.

¿Qué llamó su atención sobre los datos que había arrojado el programa?

Muchas personas decían que el programa era un fracaso, porque el CI de los participantes era igual al de los no participantes. Este fue el consenso al principio.

Nosotros observamos otras cosas, como las habilidades sociales y emocionales que los participantes demostraron en las etapas siguientes de sus vidas.

Ellos desarrollan habilidades ejecutivas, de planificación, de interacción, de cumplimiento de tareas, de seguir instrucciones.

Observamos su capacidad de obtener empleo, su participación en actividades criminales y así vimos que el programa había sido mucho más exitoso de lo que la gente creía, porque sólo se había evaluado un ángulo restringido (el del CI).

Una profesora del proyecto piloto Cantinho do Brincar, junto a varios niños.
Una profesora del proyecto piloto Cantinho do Brincar, que tiene el objetivo de mitigar las dificultades de acceso a guarderías y proveer oportunidades a niños en la primera infancia en Brasil.

 

 

En todos los países donde este tema ha sido investigado se concluye que la desigualdad en la primera infancia persiste en las etapas posteriores. El ambiente en los primeros años es muy importante. En esta fase el niño construye una base de habilidades que le servirán para el futuro.

Los niños pequeños son muy maleables y mutables. Hay una flexibilidad en esta etapa que no se ve en otras. Es una cuestión de eficiencia económica.

Sin embargo, de manera general se le da más atención a la educación en las etapas siguientes de la vida. ¿Por qué es difícil cambiar esto?

Porque los padres de niños desfavorecidos no saben por qué estos se queden atrás. En realidad, sólo hay que estimularlos. Hay estudios que demuestran que leerles a los niños tiene un impacto enorme en su desarrollo.

Otro factor es que la gente no tiene tiempo. No estoy diciendo que las madres no deben trabajar para pasar el día en casa con los hijos, pero esos años iniciales necesitan ser enriquecidos. Una solución es la educación preescolar de calidad.

¿Cree que los gobiernos han prestado más atención a la primera infancia, en las últimas décadas ? ¿Cuáles son los desafíos en este sentido?

El desafío es cambiar la forma de pensar. Es erróneo pensar que la educación formal es el camino para la creación de habilidades y que el modelo del profesor de pie delante de la clase que enseña a los niños es la manera correcta de generar vidas exitosas.

Este raciocinio es promovido incluso por cursos superiores de educación y por personas bien intencionadas. Pero lo más importante es pensar en la familia y en la formación del niño.

 

James Heckman
James Heckman: “Es erróneo pensar que el modelo del profesor de pie delante de la clase que enseña a los niños es la manera correcta de generar vidas exitosas”.

 

En el caso del proyecto Perry, su investigación concluyó que los beneficios se extendieron a la segunda generación. ¿Cómo ocurre esta transferencia de una generación a la otra?

Los participantes son personas exitosas. Ellos tienen estadísticamente una oportunidad mucho menor de haber cometido crímenes.

Vemos que hay mucha correlación entre la actividad criminal de los padres y la de los hijos. Los padres que estuvieron en el proyecto Perry reproducen con sus hijos lo que aprendieron en la infancia.

Sus investigaciones muestran que los hombres se benefician de estos programas mucho más que mujeres. ¿Por qué sucede esto?

Los niños son más sensibles a los cambios y tienen más posibilidades de entrar en el mundo del crimen. Las niñas también se benefician, pero el riesgo que corren es muy inferior al de los varones.

Hay una influencia social que en la práctica separa a los muchachos de las muchachas muy temprano.

Pero también es verdad que las niñas de 3 años de familias desajustadas tienen más posibilidades de involucrarse en actividades como la lectura de libros y menos posibilidades de meterse en problemas. La gente no quiere hablar de eso, pero es verdad.

Los niños desarrollan a un ritmo diferente y las niñas parecen conseguir estructuras más fácilmente que los niños. Las muchachas son más resistentes.

En general, cuando los niños se crían en familias donde sólo está la madre, sin figuras paternas, tienen más dificultad para obtener orientación en la vida.

El lazo entre hijas y madres es diferente del de la madre con el hijo. La madre ama al hijo, pero es diferente.

¿Cuál es la relación entre buen desarrollo infantil y la criminalidad?

Este es el principal resultado de todos estos programas de educación infantil. El mayor retorno para cada dólar invertido en todos ellos se ve en la reducción de crímenes y la creación de un ambiente alentador para los niños.

jóvenes delincuentes.
Los participantes en el proyecto Perry presentaron una menor tendencia a las actitudes criminales que sus pares, en las etapas posteriores de sus vidas.

La gente ignora eso, pero es importantísimo. Es por eso que estos programas son tan exitosos para los hombres. Es una estrategia anticrisis. Aunque solo fuera por eso, deberían ser tomados en serio como política pública.

Si la persona no tiene la oportunidad de desarrollarse en la primera infancia, ¿es un caso perdido?

El desarrollo ocurre en otras etapas de la vida. Sin embargo, una etapa lleva a la otra. El niño bien formado puede aprovechar mejor los aprendizajes futuros.

Pero no debemos desistir de las personas después de una cierta edad. Eso no es verdad.

Algunos críticos dicen que los resultados del proyecto Perry tienen que ser vistos con cuidado porque el programa se ha implementado en un contexto muy particular, lo que hace riesgoso extrapolar sus resultados. ¿Qué piensa al respecto?

Si usted hace una imitación y aplica el proyecto Perry de 1960 a la ciudad Porto Alegre de 2019 sería una locura. Hay adaptaciones culturales que es necesario hacer.

Pero los mecanismos que describimos son replicables. Enseñar a los padres a involucrarse en la vida del niño, esto genera resultados para el resto de su vida.

Fuente: